Cambio de planes

Cambio de planes

Tenía más de seis años sin saber nada de una de mis mejores amigas. Desafortunadamente, había perdido mi libreta de direcciones por lo que me había sido imposible localizarla. Hasta que de pronto recibí en el Facebook una solicitud de amistad suya.

Al ver de quien se trataba, sentí una alegría indescriptible y le pedí que me proporcionara el número de su móvil. Ella lo hizo y en ese momento le marqué y empezamos a platicar.

La conversación giraba en torno a muchos temas: el clima, anécdotas de la adolescencia, historias de terror cortas entre muchas otras cosas. Deben saber que a ambos nos gustaban mucho las películas de miedo.

En fin, el teléfono me avisó que mi saldo estaba por agotarse. Así que lo único que pensé fue en concertar una cita para platicar en persona.

Mi amiga me dio su dirección y esa misma tarde fui a buscarla. Mi auto no circulaba los miércoles, por lo que el trayecto lo hice en metro. Antes de bajar a la estación, me cercioré de recargarle saldo a mi móvil.

Las personas que han viajado en subterráneos sabrán que es verdaderamente difícil recibir un mensaje o una llamada cuando te encuentras a tales profundidades. Por ese motivo, se me hizo muy raro que a la mitad del camino, el celular me avisara de un nuevo SMS.

“Hola, soy Leonor. Este número es de mi hermano. Te di el número de casa equivocado, es el 284, y no el 824. Te espero”.

Todo ese asunto hizo que mis sentidos se pusieran en alerta. No era normal que ella actuará de esta manera. No obstante, llegué hasta el sitio indicado y una persona me esperaba en la puerta:

. Hola que tal. Leonor te está esperando allá adentro. Antes de formar parte de nosotros, tengo que quitarte el cerebro.

Ese engendro era similar a una serpiente, sólo que con ojos de lechuza. A través de la ventana de la casa, puede ver cómo efectivamente mi amiga estaba allí dentro junto con otras personas, pero como si estuvieran en un trance.

– Quítame las manos de encima. Le dije mientras lo golpeaba fuertemente en la espinilla. Transité las calles como una gacela hasta que la criatura me perdió de vista.

No he vuelto a saber nada de mi amiga desde entonces.

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