Cosa de amigos

cuentos de terror infiernoEse despertar no fue como algún otro que recordara, el olor a azufre raspaba su garganta, y los estruendos del choque de metales se clavaban en su cabeza como taladro en funcionamiento. Recordaba bromas pesadas por parte de sus amigos después de una gran borrachera y estaba seguro que lo había ido a tirar en alguna fábrica.

Se puso de pie con dificultad, la resaca y el ruido no eran buena combinación, ni siquiera le dejaban disfrutar de una visión completa. Sabía que era inútil gritar, ni el mismo podía escuchar su voz en medio de aquel escándalo; además, sus compañeros no arruinarían una broma tan buena saliéndole al paso. Así que no quedaba de otra, que buscar la salida el mismo.

Aquel lugar parecía un laberinto, sin importar cuantos pasos diera, daba la impresión de estar donde mismo. Poca paciencia tenía el hombre, comenzó a gritar y correr desesperado, a su alrededor, en la oscuridad, las cosas se agitaron; cuchicheos, gemidos, gruñidos, lamentos y toda una serie de ruidos extraños que le crispaban los nervios.

Pronto se sintió acechado, la cabeza le daba vueltas, el aire no llegaba hasta sus pulmones y sus ojos se negaban a mostrarle con claridad aquellas tres figuras grises que se acercaban a él desde un rincón. Todas ellas estiraron sus manos para tocarlo, y reconoció su voz cuando le hablaron. Entonces vino de nuevo la tranquilidad a su cuerpo, eran sus amigos, aquellos con los que compartía parrandas, esos mismos que no quisieron dejarlo atrás, y lo llevaron con ellos hasta el mismo infierno.

Cuando el panorama se aclaró, un encapuchado con vestimenta de carnicero, puso una cadena en sus pies, atándolo junto a los demás, para así dirigirlos a todos hasta su destino final. Conforme avanzaban, los gritos de dolor y desesperación, se perdían entre los lamentos y las suplicas; en cada paso, la piel que los cubría caía como cera hirviendo, para convertirlos en criaturas dolientes sin diferencia unas de otras.

A donde quiera que dirigieran su mirada, miles de entes humanoides eran sometidos a las peores de las torturas, y los castigadores se saboreaban a su paso, ante aquellos cuatro amigos recién llegados, que eran la carne nueva.


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