Cuento de terror sólo necesito un cuerpo

Cuento de terror sólo necesito un cuerpo

En los pasillos de los hospitales se escuchan leyendas y cuentos de terror, no sólo de la gente que está inquieta esperando a saber la situación de su familiar, sino también de los médicos y enfermeras que allí laboran.

Demetrio estaba demasiado familiarizado con las leyendas y cuentos de terror de los nosocomios. Por eso, no quería operarse. Sin embargo, su situación de salud era tan apremiante que lo único que le quedó por hacer fue acudir a la clínica practicarse una cirugía.

El tiempo que pasó en la sala de operaciones mientras le suministraban el anestésico, fue terrible. Su subconsciente lo empujaba a pensar que tal vez algunos de los galenos que participaran en la extirpación, le pudieran robar un riñón o algo que necesitaran para otro paciente.

Luego de contar hasta siete, quedó profundamente dormido y sólo de vez en cuando lograba escuchar las voces lejanas de la gente que estaba trabajando en el quirófano.

Después despertó en la sala de recuperación. Junto a él había varias camillas con gente lanzando alaridos de dolor al aire. Demetrio aguardo pacientemente hasta que vio pasar a una mal encarada enfermera y alzando la voz lo más que pudo le cuestionó:

– ¿Cuándo me van a trasladar a mi cuarto?

– Ay señor no ve que estoy muy ocupada. Yo que sé, el médico encargado de su cirugía es el único que puede darle esa información.

– Muy bien, entonces le pido que le transmita esa pregunta al doctor Cepeda por favor.

– ¡Qué pena! Fíjese que no se va poder. El cirujano Cepeda ya se fue a su casa. Así que me temo que tendrá que pasar la noche en esta sala. Dijo riendo burlonamente.

Demetrio agachó la mirada tratando de resignarse. No obstante, aproximadamente 15 minutos después de esa charla, un médico residente le mencionó:

– Me enviaron por usted. Muy pronto sus molestias desaparecerán.

– Vaya, hasta que veo un poco de camaradería en este hospital. ¿A qué piso seré trasladado?

El tipo no respondió. Demetrio quedó boquiabierto al notar que el supuesto médico se estaba transformando en una momia viviente. Luego el engendro pronunció estas palabras:

“Sólo necesito un cuerpo para volver a la vida”.

Acto seguido, ató el cuello de Demetrio con una de las vendas que colgaban de su brazo y lo asfixió sin que nadie viera nada. Posteriormente, tomó posesión de la entidad corpórea y salió caminando tranquilamente.

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