El cumpleaños de Cayetano

El cumpleaños de Cayetano

– ¡Niños, vengan a comer un pedazo de pastel! Dijo la mamá de Cayetano.

Los infantes corrieron en la mesa y comieron golosinas, pastel y refrescos.

– Hijo ¿por qué no empiezas a abrir tus obsequios? Dijo su padre.

– Si Papá.

Cayetano fue abriendo uno a uno los presentes. Un alto porcentaje de las cajas contenían ropa, lo que sin duda alguna desanimó al niño de nueve años, aunque trataba de disimular su frustración con una leve sonrisa.

– Ahora abre el regalo que te envió tu tío Alberto. Mencionó su madre.

– ¡Wow! Es un libro de aventuras de historias de miedo. Hoy mismo comenzaré a leer un cuento de terror corto de los muchos que trae.

La fiesta siguió su curso (hubo piñata, mago y payaso). Exactamente a las siete de la noche, los padres de los niños invitados, comenzaron a llegar para recogerlos.

– ¿Te la pasaste bien hijito? Le cuestionó su madre.

– Si mami. Muchas gracias a los dos. Estuvo muy divertido.

– Bueno además de la fiesta de tu cumpleaños, tu madre y yo quisimos hacerte un regalo sorpresa. Te está esperando en tu alcoba.

Cayetano fue a su cuarto pensando que por fin sus papás le habían comprado la consola de videojuegos que tanto les había pedido.

Mientras tanto, sus padres tenían una ligera discusión en la cocina.

– ¿Porque no me dijiste nada acerca de ese obsequio sorpresa?

– Lo siento mujer, lo que pasa es que creí que ibas a decir que no, puesto que sé que no te gustan las mascotas.

– ¿Quieres decir que le compraste un perro a Cayetano?

– No exactamente querida, es un gatito. Le compré el pequeño felino que le gustó tanto aquel día que salimos a pasear

– Es que no era que le gustara ese gato. Sino que sintió mucho miedo cuando lo vio. No paró de hablar de eso en toda la semana. Pero como tú nunca estás aquí a la hora de comer, no te enteras de nada.

En eso estaban cuando escucharon unos fuertes ruidos provenientes del cuarto de Cayetano. Al abrir la puerta, vieron horrorizados como el animal le había mordido la yugular a su hijo y lo había matado instantáneamente.

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