El Jinete Negro

Leyenda mexicana de El Jinete NegroEste hecho aconteció hace un par de años en una de las casas ubicadas en la Alameda Central, el paseo más antiguo de la Ciudad de México. Que está delimitado al norte por Avenida Hidalgo y al sur por la Avenida Juárez. El dueño don Guillermo se encontraba preocupado por los inquietantes ruidos que lo despertaban noche tras noche, era un hombre tolerante y pudo haberlo pasado por alto si hubiese sido de otra manera, pero aquellos sonidos salían de abajo de su casa, y eso era ya de preocuparse.

Pidió la ayuda de su compadre German, para averiguar aquello, pero a este el asunto no le parecía tan grave, fuese por no trabajar o simplemente por despistado, trataba de convencer al compadre de que el escándalo provenía de la cercana estación de trenes. No contento con esta teoría, don Guillermo insistió para que German lo ayudase a destapar un viejo pozo, donde el ruido se oía más claro.

Ninguno de los dos recordaba que aquella noria hubiese funcionado, desde que tenían memoria había estado sellada, y sabían que estaba tan seca como el desierto, así que después de destapar el hueco no les dio miedo entrar en él, como si fuera tan solo otro de tantos caminos. Ya adentro, se sorprendieron de lo espacioso que era el lugar, un gran y largo túnel, los separaba de aquellos ruidos que habían ido a buscar. Conforme acortaban el camino, fue posible distinguirlos, tales sonidos no eran más que el galope y relincho de un caballo.

German se puso muy inquieto y quería marcharse cuanto antes, pero don Guillermo tenía la necesidad de aclarar el asunto de una vez por todas, y seguía caminando, no pudo llegar al final de túnel, pues el animal que estaban escuchando corrió desde el fondo, la más grande bestia negra que había visto en su vida, aunque fuese solo su cabeza, porque el resto del cuerpo era más bien una especie de niebla oscura, sobre la cual montaba un jinete en los puritos huesos. Aquella espectral figura solo se cubría con una capucha tan negra como el hueco en el que debería estar sus ojos…

Don Guillermo se quedó ahí a mitad del camino, inmóvil, paralizando hasta las ideas por aquella horrible visión, jinete y caballo lo atravesaron sin dudar…mientras su cuerpo caía al suelo ya sin vida, el alma de aquel pobre hombre se volvía humo, que pasaba a formar parte del cuerpo nebuloso de aquel caballo infernal, donde otras almas torturadas, flotaban emitiendo gritos inaudibles…

German, testigo de todo, solo dijo las cosas una vez y después se fue de la ciudad. Actualmente esta casa está abandonada y hasta hace pocos años, en plena calle podía verse el pozo, en el cual confirman los vecinos, se seguía escuchando el galope del caballo, acompañado de los gritos tortuosos de don Guillermo.

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