Fotografías de difuntos

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El nuevo maestro de fotografía en la escuela de Rubén, tenía ideas muy distintas y poco habituales. En esta ocasión, estaba empeñado en realizar un taller de retratos post mortem. Esta idea de hacer tomas con personas fallecidas no ilusionaba a muchos, pero siendo parte de su calificación, no tuvieron más remedio que acompañarle a la morgue.

Suerte tuvieron aquellos que alcanzaron algún muerto de causa natural, todos los demás, se quedaron con víctimas de algún terrible accidente o asesinato. El profesor argumentaba que esto fue por mucho tiempo una tradición surgida en Europa, cuando la propia gente llevaba el cadáver su familiar hasta el estudio fotográfico, con intensión de tener así algún recuerdo o consuelo de la perdida. Pero eso en nada cambiaba el ánimo de los alumnos.

Mas tarde se dieron cuenta que, superando los nervios de estar entre muertos, el trabajo era sencillo, pues ellos no se movían, se quedaban quietos respetando la posición dada por el fotógrafo y terminaron más pronto de lo que pensaban.

El profesor llevó a casa las macabras fotografías, y puso las muy espeluznantes imágenes con las figuras de los muertos sobre la mesa mientras rellenaba su copa antes de asignar calificaciones, al volver, las fotografías estaban regadas por todas partes, incluso pegadas en las paredes. Quiso dar un paso hacia atrás, pero sintió su cuerpo rodeado por una frialdad que le impidió moverse, al mismo tiempo que una cortante y tétrica voz le informaba que su acto perturbo la paz de aquellos que buscaban el descanso.

Días después, encontraron al profesor muerto sobre cientos de fotografías, donde él mostraba distintas muecas de espanto, la secuencia continuaba, con aquellas tomadas después de muerto, captando incluso como su cuerpo se iba pudriendo. En la más impactante de ellas, se encontraba rodeado de los cadáveres de la morgue, sentados junto a él en el sillón de su casa y abrazándolo afectuosamente, como dándole la bienvenida.

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