La niña perdida

La niña perdidaDespués de tomar un baño para relajarse de un largo día de escuela, Mariana una joven estudiante se dispone a dormir, cuando un par de golpes secos en su puerta la toman por sorpresa. La noche había caído hacia unas horas, por lo que pensaba que alguna de sus compañeras se había dejado la llave olvidada y no podía entrar, así que atendió de inmediato, y se encontró con una niña de aproximadamente siete años.

La pequeña era toda una dulzura, hermosos rizos rubios y grandes ojos castaños que miraban con ternura mientras decía que se había perdido. Mariana le dejó entrar, ofreciéndole leche tibia y un par de galletas. Se proponía llamar a la policía, pero la niña quedó dormida sobre el sofá, así que no la quiso molestar y decidió dejarla descansar.

Al siguiente día, Mariana se dio cuenta que la pequeña había desaparecido, así que fue a dar parte a la policía. Ahí le informaron que no existía reporte alguno que coincidiera con la descripción de la chiquilla, así que regresó a casa algo desconcertada, y esa misma noche, la niña apareció de nuevo frente a su puerta. Mariana le ofreció esta vez una buena cena y le dejó dormir, para que el día siguiente la pequeña desapareciera otra vez sin dejar rastro.

Al saber que la policía no podían ayudarla, Mariana busca por su propia cuenta una respuesta, visitaba hospitales y cualquier institución que tuviera que ver con niños, sin encontrar nada. A punto estaba de darse por vencida, pero mientras esperaba para ser recibida por la encargada de un orfanatorio observó a la pequeña en una fotografía, al hablar con las monjas, estas le dijeron que la imagen correspondía a Ana, una niña que había muerto años atrás.

Mariana regresó a su casa algo confundida, y justo detrás de ella, el par de golpes secos sonaron una vez más, la muchacha observaba por la mirilla de la puerta, y ¡ahí estaba la niña!, con los brazos cruzados y algo molesta, Mariana dudaba un poco en abrir por lo que había escuchado horas antes, pero al final cedió. – Has tardado mucho en abrirme, tengo hambre y sueño – Dijo Ana. Mariana aterrada preparó todo como lo había hecho ocasiones pasadas y cuando Ana estaba dormida, se acercó despacio. La niña estaba totalmente arropada, así que Mariana retiró la sábana con cuidado mientras el frágil cuerpecito de la pequeña se desvanecía ante sus ojos. Sobre la almohada, había una nota que decía: – Gracias por la leche y los dulces, ahora tengo que irme a llevar al infierno a las otras chicas que no me dejaron entrar a sus casas-.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *