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La momia extraviada

La momia extraviada

Hugo era un reconocido escultor y restaurador de piezas antiguas. Un día su teléfono recibió la llamada de un hombre relacionado con el museo de las momias de Guanajuato.

– Necesitamos que venga para acá, pues algunas de nuestras piezas se han deteriorado mucho y hemos tenido que quitarlas del sitio de exhibición.

– En este momento no puedo, tengo otros compromisos. Pero le prometo que en cuanto yo me desocupe, me comunico con usted y si todavía requieren mis servicios estaré muy contento en ayudarle en lo que quiera. Se lo digo porque soy un ardiente apasionado de los mitos y leyendas mexicanas de los hombres cubiertos por vendas.

– Me temo que no podemos esperar. Si mira por la ventana, se dará cuenta que hay un auto aguardando por usted. Nos hemos comunicado con su anterior jefe y le hemos dado una indemnización monetaria para que le permitiera ir con nosotros.

– ¿Creé que yo soy una mercancía?

– Lo único que creo es que cualquiera tiene un precio y estamos dispuestos a pagarlo. Dígame ¿cuál es el suyo?

– Por fortuna, a mí el dinero no me hace falta. Ahora si ya terminó de hablar, le pido que me permita seguir trabajando en mis asuntos.

– ¡Espere! No cuelgue. Lo que ocurrió es que una momia se escapó del museo y al recuperarla, la gente de la galería le quebró una de sus piernas y no sabemos cómo unirla.

– ¡Me está tomando el pelo! Las momias no tienen vida propia.

– Las de este lugar si, el mito dice que cada 12 años, les es concedido a las momias volver a la tierra por espacio de 15 minutos. Gran parte de ellas permanecen estáticas, dado que sus parientes ya han fallecido. Pero otras, o sea, las más jóvenes sienten deseos de dar una vuelta por la ciudad.

– No sé si sea cierto su historia, pero debo admitir que me encantaría saber más acerca de la momia extraviada. ¡Salgo para Guanajuato ahora mismo!

El Jinete Negro

Leyenda mexicana de El Jinete NegroEste hecho aconteció hace un par de años en una de las casas ubicadas en la Alameda Central, el paseo más antiguo de la Ciudad de México. Que está delimitado al norte por Avenida Hidalgo y al sur por la Avenida Juárez. El dueño don Guillermo se encontraba preocupado por los inquietantes ruidos que lo despertaban noche tras noche, era un hombre tolerante y pudo haberlo pasado por alto si hubiese sido de otra manera, pero aquellos sonidos salían de abajo de su casa, y eso era ya de preocuparse. Sigue leyendo

El callejón de la Delgadina

Esta historia tiene su origen en la calle hoy llamada de Guerrero, cerca del arroyo La Tórtola. Allá por el año de 1786, vivió el carnicero Crisóstomo Sánchez, en una casa grande y sombría, que tenía más establos y pesebres que recámaras. La original estatura de este hombre hizo que se le conociera como “el gigante severo”, él llevaba siempre sus ropas cubiertas por enormes manchas de grasa de los animales, signos naturales de su negocio. Sigue leyendo